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Propagación de la Fe

La Obra de la Propagación de la Fe se inició en Lyon (Francia) en 1822.

La joven María Paulina Jaricot, con verdadero espíritu misionero, supo contagiar su entusiasmo a las obreras que trabajaban en la fábrica de tejidos de su familia.

Formó con ellas una asociación donde, divididas en grupos, se reunían los viernes para orar y ofrecer su aporte económico para ayudar a los seminaristas del instituto de misiones extranjeras de Francia.

Poco a poco la obra se fue extendiendo por toda Francia y otros países de Europa, llegando a oídos del papa pío xi, quien en 1922 la declaro oficialmente como la obra pontificia de la propagación de la fe.

Finalidad de la Obra

Abrir el corazón de cada creyente al vasto horizonte misionero, a través del apoyo espiritual y material al anuncio del reino de dios.

Por medio de un constante y enérgico compromiso de formación y animación misionera, promueve la espiritualidad misionera que, mediante la oración y el sacrificio contribuye a reavivar el ardor misionero de las comunidades cristianas y de cada fiel, mediante la mediación de la palabra de dios, la adoración eucarística y el rosario misionero.

Para sensibilizar hacia la misión y atender las necesidades de las iglesias jóvenes, esta obra celebra todos los años, el penúltimo domingo de octubre, la jornada mundial de las misiones, mejor conocida como Domund

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  • formar a todo el pueblo de Dios para que tome conciencia de su vocación misionera universal46
  • informar a los cristianos acerca de la vida y las necesidades de la Iglesia en territorios de misión, mediante el intercambio de información, la participación de los valores espirituales, los testimonios de solidaridad en tiempos de prueba y el apoyo moral y material en la adversidad47
  • incrementar entre las Iglesias particulares la ayuda, tanto espiritual como material, con particular atención al intercambio de personal apostólico para la evangelización del mundo48
  • promover las vocaciones misioneras ad gentes, especialmente las vocaciones «de por vida»49;
  • favorecer, especialmente en los jóvenes, la educación en la justicia a través de la información y el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia, a fin de estimularles a la ayuda, y llevar a cabo una sensibilización misionera que los lleve al ofrecimiento de sí mismos a las misiones50: para ello la POPF dispone de un “servicio misionero para los jóvenes”;
  • promover la solidaridad económica apelando a la generosidad de los cristianos del mundo entero, con el fin de elaborar un programa de justicia social y de asistencia para subvenir, de manera regular, a las necesidades esenciales de toda la Iglesia en territorios de misión51.

La POPF despliega su actividad a lo largo de todo el año, pero con mayor intensidad durante el mes de octubre. Éste debe ser considerado en todos los países como el Mes Mundial de las Misiones, del que el penúltimo domingo, denominado Jornada Mundial de las Misiones, es su momento culminante. Este día será celebrado en todas las Iglesias particulares como la fiesta de la catolicidad y de la solidaridad universal52. En este día los cristianos de todo el mundo tomarán conciencia de su común responsabilidad en la evangelización del mundo53.

41 Cfr. CIC, cc. 211 y 781; Redemptoris Missio, 71; Cooperatio Missionalis, 2.
42 CIC, c. 225.
43 Cfr. Lumen Gentium, 17, 33; Apostolicam Actuositatem, 6, 13; Ad Gentes, 35-36, 41; Christifideles Laici, 35.
44 Cfr. Cooperatio Missionalis, 4.
45 Cfr. Redemptoris Missio, 78.
46 Cfr. Ad Gentes, 35; Redemptoris Missio, 77.
47 Cfr. Redemptoris Missio, 83.
48 Cfr. Redemptoris Missio, 84; Cooperatio Missionalis, 4.
49 Cfr. Redemptoris Missio, 79, 83, 84.
50 Cfr. Redemptoris Missio, 80, 83.
51 Cfr. Christus Dominus, 6; Ad Gentes, 38.